El kava y el equilibrio cotidiano
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Un término que todo el mundo conoce y nadie sabe definir
El equilibrio entre trabajo y vida personal es una de esas expresiones del vocabulario corporativo que probablemente hayas escuchado decenas de veces, y sin embargo te costaría dar una definición precisa de ella. Se presenta como una medida del éxito profesional, a veces como condición para la felicidad personal, y a veces simplemente como un eslogan de un taller de gestión del tiempo. Cada vez más, sin embargo, surge una pregunta: tiene siquiera sentido dividir las cosas en trabajo y vida, como si fueran dos bandos enfrentados.
El modelo sencillo dice: en el trabajo dejas de lado el resto de la vida, después del trabajo dejas de lado el trabajo. La realidad rara vez es tan ordenada. Las pasiones profesionales pueden proporcionar un placer real, así que resulta difícil separarlas estrictamente de la vida privada. El estrés, por su parte, no se queda detrás de la puerta de la oficina, sino que se filtra en ambas direcciones, afectando a la concentración en el trabajo tanto como a la calidad del descanso por la noche.
Por qué la jornada laboral de ocho horas es herencia de otra época
La popular división del día en ocho horas de trabajo, ocho de ocio y ocho de sueño se remonta al siglo diecinueve, una época en la que trabajar más de diez horas al día era la norma y los niños trabajaban en fábricas. Ese referente ha sobrevivido hasta hoy como punto de partida, aunque su contexto original quedó obsoleto hace mucho. La pandemia y el paso masivo al trabajo remoto no hicieron más que agudizar el problema: para mucha gente la línea entre el tiempo de trabajo y el tiempo privado se difuminó casi por completo, y con ella desapareció el límite claro que permitía una tarde tranquila y reparadora.
Qué muestra la investigación sobre el equilibrio
Datos interesantes proceden de un análisis publicado en 2021 en la Harvard Business Review por las investigadoras Ioana Lupu y Mayra Ruiz-Castro, basado en cerca de doscientas entrevistas en profundidad a casi ochenta profesionales de nivel medio y alto de dos grandes firmas londinenses. Las autoras encontraron que alrededor del 30 por ciento de los hombres y el 50 por ciento de las mujeres participantes evitaban deliberadamente las jornadas laborales largas en busca de un mejor equilibrio vital. Las personas entrevistadas usaban estrategias diferentes, pero el hilo conductor era la reflexividad: examinar con regularidad qué estaba causando el estrés, cómo afectaba al trabajo y a la vida privada, y qué había que sacrificar para alcanzar una determinada meta profesional.
A partir de estas conversaciones, las investigadoras identificaron cinco fases recurrentes de una búsqueda eficaz del equilibrio. La primera es detenerse a considerar exactamente qué está generando el estrés. La segunda es examinar las propias emociones y cómo la situación actual afecta al bienestar y a la energía. La tercera fase es reevaluar las prioridades a la luz de lo que surgió en los dos primeros pasos. La cuarta consiste en sopesar las alternativas disponibles: qué se puede soltar, en qué centrarse, qué merece la pena cambiar. La quinta y última fase es implementar de verdad los cambios, tanto en la vida privada como en la profesional, y controlar los efectos de forma continua.
El hallazgo clave de este estudio es sencillo: el equilibrio entre trabajo y vida personal funciona cuando se trata como un proceso en revisión constante, no como una meta puntual y medible que se puede alcanzar de una vez y tachar de una lista. Las prioridades cambian junto con la vida, así que esperar un equilibrio fijo e inmutable está condenado a la decepción desde el principio.
Esta idea también cambia el modo en que tiene sentido juzgar tu propio progreso. En lugar de preguntarte si por fin has logrado el equilibrio, una pregunta más útil es si últimamente has estado regresando a él con regularidad y corrigiendo el rumbo cuando algo deja de funcionar. Las investigadoras subrayan que las personas que mejor se las arreglaban no tenían una receta preparada, solo el hábito de revisar periódicamente sus propias decisiones, del mismo modo que una empresa revisa regularmente su estrategia en lugar de esperar un único momento de ruptura.
Dónde encaja un momento de relajación en todo esto
Si el equilibrio es un proceso, vale la pena preguntarse qué herramientas cotidianas ayudan de verdad. Un tema recurrente en las conversaciones sobre la reducción del estrés es la necesidad de algo que despeje la mente después de una jornada de trabajo sin perturbar la claridad mental a la mañana siguiente. Aquí es donde a menudo aparece el kava (Piper methysticum), usado tradicionalmente en las culturas de las islas del Pacífico precisamente en el contexto de la relajación y la desconexión comunitaria después de un día lleno de obligaciones. El mecanismo por el que las kavalactonas actúan sobre el sistema nervioso incluye, entre otras cosas, su efecto sobre los receptores GABA de tipo A, descrito en un estudio publicado en la revista PLOS ONE en 2016. Conviene recordar, sin embargo, que el kava no es una cura para el estrés crónico, ni un sustituto del cambio real de prioridades del que hablan Lupu y Ruiz-Castro, sino solo una posible parte de un ritual de desconexión al final del día.
Si quieres que el kava apoye de verdad la recuperación y no solo la relajación momentánea, vale la pena combinarlo con principios básicos de higiene del sueño y evitar beber alcohol al mismo tiempo, ya que ambas sustancias cargan el hígado de forma parecida, y combinarlas aumenta el riesgo de efectos adversos, especialmente con el uso regular. Puedes leer más sobre esto en el artículo sobre kava y el hígado.
El equilibrio como práctica diaria, no como meta puntual
Lo que más ha cambiado en cómo pensamos el equilibrio entre trabajo y vida personal es un cambio de énfasis, de la meta al proceso. No hace falta definir con precisión qué aspecto tienen un buen trabajo y una buena vida después del trabajo como cosas separadas. Basta con volver una y otra vez a la pregunta de qué significa el equilibrio interior para ti en un momento dado, y aceptar que la respuesta puede cambiar contigo, del mismo modo que tus responsabilidades, tu energía y tus prioridades cambian con la etapa de la vida en la que te encuentres. Si quieres más información sobre los mecanismos detrás del efecto relajante del kava, consulta también el artículo sobre kava y cortisol y sobre kava y GABA.